Parte Segunda.Siguiendo con la metáfora de los arboles… Esto no quiere decir que bajemos del árbol y corramos como niños de 6 años tras una pelota de fútbol, en absoluto, hay que avanzar que cambiar que crecer pero sin dejar de cuidar lo que en algún momento tubo valor, ya sea el árbol cuyas copas nos refugiaron de los males de las inmensidades del mundo o alguna ciruela petrificada que paso por varias generaciones antes de llegar a las manos de uno, y si se combina la imaginación con algún buen mate amargo, podemos, no decir, podemos asegurar que esa ciruela callo del mismo árbol que en algún momento enarbolo con hojas de acero la fragilidad y el miedo de algún viejo, viejo Amigo. No me atreví a objetar, en realidad no había mucho que decir y si no mal recuerdo vi en el café una satisfactoria pero temblorosa sonrisa.