
En la empobrecida capilla de **La Miorra**, cerca del mar de las porcas, hay un texto fúnebre con una lista, la lista de los cuarenta y siete hijos del rey **prosaca** que cayeron en batalla por **Sisnes** en la gran rebelión del arzobispo **Quilli**. En el primer párrafo dice: **para sus desdichados hijos que han fenecido en la atroz contienda, el pueblo de **La Miorra** quien admira y protege su memoria**. Después, la lista de los cuarenta y siete caídos. Y debajo: ** Mauris Lectus** ,esto es, **olvídate de nosotros**
Corristeis como corren por el robledal
los nevados copos que sorprenden en primavera
¡Ho!...pedrisco tempestuoso;
Quedaos, hijos de mi sangre algo noble,
vestíos el alma de infantil bandera,
y de gran sauce,
De muerto mármol como de una iglesia en renacimiento,
Pues en los pechos de dios y el tinto
del Pirineo vasco, no se puede confiar
Al cálido sol del monte nos confinaremos.
Abajo, La Miorra va… y se pierde
en la inmensidad del mar como un peñasco
Recogeréis de su espuma mojada el gemido,
eterno gemido, tal las olas rumorosas,
tal vosotros, oscuros y en paz, pero no escucharon…
Hijos inmersos en el hogar brutal
de silenciosa traición. Las fosas
que a vuestros débiles huesos pudre
Avaros blancos, les dan de última cuna como lecho,
fosas que abrió el fusil en sorda guerra,
no escucharán el canto, ni el ruego ni el perdón…
de la materna lluvia que el helecho
deja caer en vuestra patria tierra
como celeste llanto…
No escucharán la esquila de la oveja
que en la colina, al pie del patriarca,
tuerce su cuello y mira al suelo,
ni a lo lejos la voz de la caravanas
de la mar que alimentan a vuestro río
y es poesía de consuelo escuchar el agua chocar.
Fuisteis como cerdos, en los ojos
de un pastor hambriento que al grito
de ¡¡ Mauris Lectus!! amasijó sus cráneos
¿Cómo habéis muerto, sin mi permiso?, es mi consuelo…
los ríos y la mar…, es la historia
y como ella seremos no mas que olvido… solo esperen…